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Patrimonio: Vivencias en Lo Lillo
Por
Josefa Reyes M.
Publicado:
2 Abril 2019
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Casona de Lo Lillo, actualmente municipalidad de El Bosque.
Memorias de un año de Postulantado Marista en Lo Lillo, año 1971, del profesor José D. Franco Silva en Marzo de 2019. En conmemoración a esta casa que tanto nos cuidó durante años duros y con mucha incertidumbre, la cual lamentablemente se incendió el pasado fin de semana y que actualmente era ícono del Patrimonio de la Municipalidad de El Bosque.
En tren desde Limache, llegamos a la Estación Mapocho tres postulantes maristas, Juan Luis Alegría M., Abraham Rojo B. y quien escribe, José Franco S. Como no conocíamos el lugar de destino, tomamos un taxi hasta la calle Alejandro Guzmán 735, en la entonces Comuna de La Cisterna. El objetivo era hacer un año de postulantado en ese lugar y al año siguiente, hacer el noviciado en Alta Gracia (Argentina). Todo esto ocurría los primeros días de marzo de 1971.

Atrás quedaba un verano marcado por la finalización del año escolar y la enseñanza media, la PAA, la postulación y el ingreso a la U. Católica para estudiar Pedagogía en Religión y un campamento junto al grupo scout del I. Alonso de Ercilla en el antiguo fundo Los Pirineos, camino a las Termas de Chillán. El jefe de ese campamento fue el H. Pedro Marcos.
En Lo Lillo estaba la casa de reposo para hermanos ancianos, el escolasticado (alrededor de diez) y por primera vez en estos últimos años, el postulantado marista. En los años anteriores esta etapa se hacía en Alta Gracia, Argentina.

En esos meses se vivía una fuerte expectación respecto al rumbo que tomaría el gobierno de la Unidad Popular y el recientemente elegido Salvador Allende como Presidente de Chile. En particular, el tema de la educación y qué pasaría con los colegios privados.

La Casa de Lo Lillo era una propiedad grande, rodeada de poblaciones, en un sector de la ciudad relativamente pobre y con muchas calles de tierra. Fue adquirida en 1933 y tuvo diversas funciones. Existía una casona antigua con una torre, una construcción moderna y sólida para los hermanos ancianos y una construcción para los estudiantes. Esta última era la que ocupábamos los escolásticos y postulantes, con una gran biblioteca y las dependencias necesarias para vivir. La calefacción se lograba con un par de estufas con aserrín. Además una extensa huerta con hortalizas, frutales y vides, instalaciones para hacer vino, conservas, mermeladas y un gran gallinero. Otra instalación era una carpintería donde se fabricó gran parte del material escolar para los colegios maristas de esos años. Vivíamos sobriamente pero sin pasar necesidades.

Me gustó el ambiente intelectual que se vivía. Viajábamos diariamente hasta la Casa Central de la Católica y al recientemente inaugurado Campus Oriente. A veces en un vehículo particular (tipo liebre) y otras en transporte público. Esto último era sacrificado por las largas distancias que recorríamos y por lo atestado que normalmente estaba. La mayor parte del tiempo lo ocupábamos en asistir a clases y estudiar y algo menos en tareas domésticas o en la huerta (Salvo cuando hicimos la vendimia y el vino).

El ambiente nacional estaba dado por las tensiones por el nuevo gobierno y las reformas que se implementaban y los apoyos o protestas que todo esto generaba. Con todo, la preocupación nuestra debía ser el estudio para prepararnos de la mejor forma para el apostolado lo que generaba también tensiones entre quienes pensaban que había falta de compromiso con los cambios sociales.

De la época recuerdo un encuentro de los hermanos con el Superior General, H. Basilio Rueda para orientar el tema de qué ocurriría en el futuro si se agudizaban las reformas, en particular lo relativo a la educación. Todavía estaba muy presente la Guerra Civil Española y la situación de Cuba y para varios hermanos era lo que vendría. En lo personal, saludar e intercambiar algunas palabras con el H. Basilio fue emocionante ya que era el primer Superior General que visitaba Chile (aunque el año anterior también había visitado el país). Como conclusión, me quedé con la idea de que pasase lo que pasase, no se abandonaría el país. Esta reunión fue en el salón del I. Alonso de Ercilla.

Ese año también vivimos acontecimientos trágicos. Una mañana el conductor que iba a buscar al capellán para la misa, atropelló, con resultado de muerte, a un peatón, lo que significó estar detenido varios días. Tiempo después, en una discusión, el cocinero dio muerte al conductor al propinarle una profunda herida con un cuchillo cocinero. De ambas personas tengo pocos recuerdos. En otra ocasión, un amago de incendio obligó a la intervención de bomberos.

Durante el año, Abraham Rojo dejó el postulantado y en diciembre, J. Luis Alegría y yo partimos hacia Alta Gracia, en Argentina, para hacer el noviciado. A mediados del año 1972, todo lo que estaba en Lo Lillo se trasladó a la calle Montolín, (hoy Sótero Sanz, Providencia) incluyendo la Casa Provincial que se encontraba en Los Leones con Eliodoro Yáñez. La casa de Lo Lillo la compró el gobierno para destinarla a un hogar de menores. Actualmente es la sede de la Municipalidad de El Bosque.

De la época recuerdo el rigor intelectual y los teólogos alemanes, el Concilio Vaticano II, Medellín, Helder Camara, Paulo Freire, Maritain, la asistencia a clases en la Universidad, los largos trayectos en atestadas micros, la construcción del metro y la Alameda convertida en una gigantesca zanja, la visita de Fidel Castro, las tensiones políticas, los titulares agresivos de la prensa, los trabajos voluntarios, las tomas de terrenos, fábricas y fundos, la confrontación ideológica. En términos generales, los maristas nos involucramos poco en la contingencia, salvo hacer catequesis en un escuela cercana y participar alguna vez en trabajos voluntarios organizados por la universidad. Otro motivo de tensión eran los rumores que un grupo de pobladores del sector se tomaría la propiedad.

Ese año también tuvimos un terremoto y una nevada sobre Santiago, aunque sin consecuencias negativas para nosotros. También vibrantes partidos de fútbol del Colo Colo o la U. Española por la Copa Libertadores.

De los hermanos puedo mencionar al H. Crisóstomo, H. Cristóbal, H. Juan y H. Libanio, todos ancianos y algunos muy enfermos. El H. Gilberto Poza, director del escolasticado y profesor en la U. Católica, el H. Pedro Fuerte (ecónomo) y el H. Germán Chávez, director del postulantado que además nos hacía clases de música y francés.

Han pasado muchos años pero recuerdo todo con nitidez, aunque es posible que algunos detalles los olvide.





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